En la sociedad actual, con las dificultades de conciliación a las que nos enfrentamos los padres, se habla del “tiempo de calidad” con nuestros hijos. Nos dicen que lo que importa no es el tiempo que pasas con ellos, que lo que importa es la calidad, aunque pases únicamente 30 minutos al día con tus hijos.

Parece que la cantidad y la calidad no puedan darse al mismo tiempo, que tengamos que elegir entre cantidad o calidad y es con nuestros hijos, en la única parcela de nuestra vida que se habla de “tiempo de calidad” y esperamos que ellos se conformen con la última media hora del día que nos sobra (imagínate que en el trabajo les dices que tú vas a trabajar 30 minutos al día pero que será de calidad…).

Tiempo y cuanto más mejor

Nuestros hijos principalmente lo que necesitan es NUESTRO TIEMPO, NUESTRA PRESENCIA durante buena parte de su infancia, y cuanto más tiempo mejor.

Justificar nuestra falta de presencia con el argumento del “tiempo de calidad”, es un autoengaño para calmar nuestro sentimiento de culpa por no pasar todo el tiempo que en realidad necesitan nuestros hijos, además de dar a entender que todo el resto de tiempo sobra y no sirve ni cuenta para nada, desconsiderando el esfuerzo que hacen tantísimos padres por estar más presentes en la vida de sus hijos : padres que han renunciado en el trabajo o que se han tenido que reinventar para poder pasar más tiempo con sus hijos.

Al hablar de “tiempo de calidad” queda relegado otro tipo de tiempo que los padres también deberían compartir con sus hijos y que es igual de importante al “tiempo de calidad” con ellos.

Un niño recordará quién estuvo con él

Nuestros hijos lo que quieren es tiempo, ellos nos necesitan, necesitan sentirse acompañados por nosotros.

Todo el tiempo con ellos cuenta, cualquier rato compartido con nuestros hijos ayuda a conocerles mejor y a establecer un vínculo fuerte con ellos, porque los momentos más cercanos, de confianza y de conexión verdadera con nuestros hijos surgen la mayoría de veces en los pequeños momentos cotidianos.

Es importante nuestra presencia porque ellos saben que estamos disponibles para ellos y que pueden contar con nosotros si lo necesitan. Habrá momentos de calidad y otros en los que hay que hacer otras cosas, pero siempre estaremos presentes para poder atenderles si lo necesitan.

Tiempo de verdad

El tiempo que de verdad necesitan nuestros hijos es cantidad y calidad. Dentro de este tiempo hay momentos de calidad con ellos, de juego, diversión y conexión y muchas otras actividades del día a día en las que nuestros hijos nos necesitan, aunque no sean necesariamente de calidad.

El tiempo que de verdad necesitan incluye todo: recogerles del colegio, el rato de los deberes, las tareas domésticas, hacer la compra, tiempo de juego libre, la hora de los baños, preparar la cena, las peleas, los conflictos, los errores que cometemos nosotros y ellos…y además incluye nuestras risas, las conversaciones, el escucharles atentamente, las muestras de cariño, el tiempo de juego con ellos, leerles un cuento, acostarles, …

Nuestros hijos no sólo aprenden con el tiempo de calidad, también lo hacen en todos los otros momentos que pasan con nosotros y sobre todo se sienten acompañados por nosotros.